No sé en qué estado estaba yo. Probablemente, en una mezcla de shock e histeria. Sé que me fui de ese lugar oscuro y molesto y me senté en el cordón de la calle. No recuerdo mucho del resto de esa noche, pero sé que vino y me consoló. Nunca nadie había hecho eso. Me vio. Me vio como no me había visto nadie jamás; como jamás alguien me vio -aunque él no lo creyera.
Él:Vos te merecés algo más.
Yo:Pero...
Él: Sos demasiado mujer como para estar mal por alguien que no lo vale.
Yo:Pero...vos...me decís eso para que me sienta mejor...
Él: No soy ciego. Vos me gustaste.
Yo: Pero...
Yo decía "A" y él me cerraba los labios con los dedos. Lo tenía a centímetros y admito que nunca quise el tacto de alguien como quise en ese momento el suyo. No era calentura; por desgracia, era algo más.
Siempre me negué a lo tierno...
Y éste que era un Ricardo Arjona me crispaba, me sacaba de quicio.
Pero puedo jurar que, en ese instante, lo quise más que a nadie.
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